Los glioblastomas son tumores cerebrales que son clasificados como tumores de grado IV, agresivos y malignos que se originan en las células gliales del cerebro.
Los tumores malignos son tumores cancerosos que pueden propagarse a otras partes del cuerpo. Los glioblastomas se originan a partir de un tipo de célula glial llamada astrocito, por lo que a veces se les llama astrocitoma. El sistema de clasificación del I al IV define la tasa de crecimiento del tumor; el grado I indica un crecimiento lento y el grado IV indica un crecimiento rápido.
Muchas veces al hacerse el diagnóstico de los glioblastomas estos tumores ya se encuentran en el grado IV sin que se haya observado evidencia de tumores anteriores de grado inferior.
Los glioblastomas pueden localizarse en cualquier parte del cerebro pero, por lo general, no se propagan fuera del cerebro.
Los síntomas comunes incluyen dolores de cabeza, convulsiones, confusión, pérdida de memoria, debilidad muscular, cambios visuales, déficit del lenguaje y cambios cognitivos.
Los glioblastomas tienden a afectar a personas mayores (de 45 a 70 años) y rara vez ocurren en niños.
Los métodos de tratamiento suelen incluir una combinación de cirugía, quimioterapia, radioterapia y terapia de campos eléctricos alternos. El tiempo medio de supervivencia de las personas con glioblastoma que se han sometido a tratamientos combinados de cirugía, quimioterapia y radioterapia es de 14,6 meses.
La Organización Mundial de la Salud clasifica los glioblastomas en tres categorías principales.
Estas clasificaciones se basan en la presencia de una enzima llamada IDH. Las personas con proteína mutante IDH sobreviven más tiempo que aquellas con proteína IDH de tipo salvaje.
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