Última actualización:
1/13/2026
Años publicados: 2025
El síndrome oculocerebrorrenal (también conocido como síndrome de Lowe) es una enfermedad genética rara que afecta principalmente a los varones. Afecta especialmente el sistema ocular (ojos), cerebral (cerebro) y renal (riñones). Los síntomas pueden variar mucho en tipo y gravedad, incluso entre miembros de la misma familia.
Casi todas las personas con síndrome oculocerebrorrenal presentan problemas oculares, afectación neurológica que influye en el tono muscular y el desarrollo, y enfermedad renal relacionada con una alteración en el manejo de sustancias que normalmente son reabsorbidas por los riñones. Con el tiempo, la función renal empeora de manera progresiva, lo que muchas veces resulta en una enfermedad renal crónica en la adolescencia o en la edad adulta. La mayoría de los varones con síndrome oculocerebrorrenal tienen una esperanza de vida reducida, comúnmente debido a insuficiencia renal o a complicaciones de la enfermedad.
Es causado por cambios (variantes patogénicas o mutaciones) en el gen OCRL. La herencia es ligada al cromosoma X por lo que afecta más a los varones. Las mujeres que portan una copia alterada del gen OCRL por lo general no desarrollan el síndrome completo, pero a menudo presentan cambios característicos en el cristalino de los ojos y, en raras ocasiones, síntomas adicionales.
El tratamiento es de apoyo y se centra en el manejo de los síntomas.
Las señales y los síntomas del síndrome oculocerebrorrenal pueden variar mucho en tipo y gravedad, incluso entre miembros de la misma familia. Algunas personas pueden tener presentaciones más leves o atípicas, especialmente al inicio de la vida. Por ejemplo, las cataratas pueden ser sutiles en casos poco frecuentes y no interferir con la visión hasta la adolescencia, y la afectación renal o neurológica puede variar en gravedad. Las señales y los síntomas de las personas con síndrome oculocerebrorrenal pueden incluir: 1-4
Otras señales y síntomas pueden incluir: 1, 2,3
Se considera que la fertilidad en los varones afectados es limitada, y no hay reportes conocidos de varones afectados que haya tenido descendencia.² La mayoría de los hombres afectados requieren asistencia de por vida y comúnmente viven con familiares, aunque algunos pueden vivir en entornos grupales con apoyo o de forma semiindependiente. La esperanza de vida es reducida, con mayor frecuencia debido a enfermedad renal progresiva o a complicaciones como infecciones, deshidratación o problemas óseos graves. 1, 2
La mayoría de las mujeres que portan un cambio en el gen OCRL no desarrollan todos las señales y síntomas, pero aproximadamente el 95% de las portadoras adultas presentan cambios característicos en los cristalinos de los ojos. Estos cambios pueden observarse durante un examen ocular detallado realizado por un oftalmólogo con experiencia utilizando equipo especial después de dilatar la pupila. La presencia de estos cambios en el cristalino respalda firmemente el estado de portadora, aunque su ausencia, especialmente en niños, no lo descarta.¹
Los cambios en el cristalino suelen aparecer como pequeñas manchas pálidas dispuestas en un patrón radial alrededor del borde del cristalino. Estos hallazgos generalmente no afectan la visión. En algunas mujeres portadoras (aproximadamente el 10%), puede formarse una catarata más densa en el centro del cristalino. En algunas mujeres, las cataratas pueden hacerse evidentes más adelante en la edad adulta y ocasionalmente requerir cirugía.¹
Aparte de estos hallazgos oculares, las mujeres portadoras generalmente no presentan otras características del síndrome oculocerebrorrenal. Muy raramente, una mujer puede desarrollar la enfermedad completa debido a circunstancias genéticas inusuales que provocan que el gen alterado esté activo en la mayoría o en todas las células.¹
El síndrome oculocerebrorrenal está causado por una variante patogénica (mutación) en el gen OCRL (ubicado en el brazo largo [q] del cromosoma X en la región Xq26.1) que resulta en la pérdida de función de la enzima fosfatidilinositol polifosfato 5-fosfatasa OCRL (OCRL-1), un tipo de proteína que normalmente ayuda a las células a manejar y reciclar sustancias importantes. Cuando esta proteína falta o no funciona correctamente, ciertas señales químicas se acumulan dentro de las células e interfieren con su desarrollo y función. 1, 2
El gen OCRL que produce la proteína OCRL-1 es activo (se expresa) en muchos tejidos del cuerpo, lo que puede explicar por qué el síndrome oculocerebrorrenal afecta a múltiples sistemas orgánicos. En los riñones, estos cambios interfieren con la reabsorción normal de proteínas y otras sustancias, lo que conduce a los problemas renales observados en el síndrome. En los ojos, la alteración de la función celular contribuye a las cataratas y otros problemas visuales. Los efectos sobre las células cerebrales y musculares contribuyen al tono muscular bajo, los retrasos del desarrollo y las dificultades de aprendizaje. El mecanismo exacto que conduce a que estos tres sistemas orgánicos se vean afectados principalmente aún no se conoce. 1, 4
Distintos cambios en el gen OCRL pueden causar síntomas muy variados, que van desde el síndrome oculocerebrorrenal clásico hasta formas más leves que afectan sobre todo al riñón. Además, la gravedad puede ser diferente incluso entre personas con cambios genéticos similares.
El gen OCRL se expresa en altos niveles en el hipotálamo, la hipófisis y otros tejidos endocrinos relacionados con el control del crecimiento. Se cree que la falta de esta expresión contribuye a la baja estatura observada en el síndrome oculocerebrorrenal y que, en el futuro, esto podría tratarse con hormona de crecimiento.⁴
Herencia
La herencia es ligada al cromosoma X. Aproximadamente un tercio de los varones afectados tiene una nueva variante (mutación de novo) en el gen OCRL, o sea, una mutación que no ha sido heredada de los padres; en la mayoría de los demás casos, el trastorno se hereda de una madre que es portadora genética de la enfermedad.²
Los trastornos genéticos ligados al cromosoma X son afecciones causadas por un gen mutado localizado en el cromosoma X y ocurren principalmente en varones, que solamente tienen un cromosoma X (tienen un cromosoma X y un cromosoma Y). Las mujeres que tienen una copia alterada del gen OCRL en uno de sus dos cromosomas X suelen ser “portadoras” del trastorno. En ellas, uno de los cromosomas X se inactiva de forma natural, por lo que los genes de ese cromosoma dejan de funcionar. Por lo general el cromosoma X se inactiva de forma aleatoria pero puede ser sesgada. La inactivación del cromosoma X “sesgada” (o sesgo de inactivación del X) significa que, en las mujeres (que tienen dos cromosomas X, XX), un cromosoma X se silencia preferentemente en más del 50% de las células, en lugar de la inactivación aleatoria normal (50/50), lo que puede llevar a que una mutación o variante patogénica en uno de los cromosomas X se exprese más, causando síntomas de enfermedades ligadas al X, incluso en portadoras, por lo que hay cromosomas inactivados que tienen el gen alterado y otros el gen normal. En la mayoría de portadoras no desarrolla el cuadro completo de la enfermedad.
Aunque en muchos trastornos ligados al X las mujeres portadoras generalmente no presentan síntomas porque la actividad del gen normal es suficiente para prevenir anomalías, en muchos casos de síndrome oculocerebrorrenal las mujeres muestran cambios característicos en los cristalinos de los ojos. 1, 5, 6
Un varón tiene un solo cromosoma X que hereda de su madre; si hereda un cromosoma X que contiene un gen causante de enfermedad (gen mutado), desarrollará la enfermedad. Las mujeres portadoras de un trastorno ligado al X tienen, en cada embarazo, un 25% de probabilidad de tener una hija portadora como ellas, un 25% de probabilidad de tener una hija no portadora, un 25% de probabilidad de tener un hijo afectado y un 25% de probabilidad de tener un hijo no afectado. Cada embarazo, por supuesto, es independiente del anterior y no influye en el resultado del siguiente embarazo.
El síndrome oculocerebrorrenal es una enfermedad genética rara que afecta a personas de todos los orígenes étnicos. Se estima que ocurre en aproximadamente 1 de cada 500,000 personas en la población general, según datos de las asociaciones estadounidense e italiana del síndrome oculocerebrorrenal. Se han reportado casos en muchas regiones, incluyendo América del Norte, Europa, Australia, Japón e India, y se cree que la enfermedad ocurre en todo el mundo.⁷
El síndrome oculocerebrorrenal suele diagnosticarse en varones mediante una combinación de pruebas genéticas y signos y síntomas característicos. En los varones afectados, las pruebas generalmente identifican variantes patogénicas (mutaciones) en el gen OCRL. Estos hallazgos genéticos se interpretan junto con los síntomas clínicos típicos y los resultados de laboratorio.²
En los raros casos en que las mujeres son afectadas, el diagnóstico requiere la identificación de una sola variante patogénica (mutación) en el gen OCRL junto con las mismas características clínicas observadas en los varones afectados.
El síndrome oculocerebrorrenal debe considerarse en varones que presenten la siguiente combinación clásica de hallazgos:²
Esta disfunción renal conduce a una pérdida anormal de sustancias en la orina, incluyendo:²
La presencia de proteinuria de bajo peso molecular, la pérdida de pequeñas proteínas como la proteína fijadora de retinol y la N-acetilglucosaminidasa en la orina, es a menudo el signo más temprano y sensible de afectación renal en el síndrome oculocerebrorrenal. Este hallazgo puede aparecer muy temprano en la vida, incluso antes de que otras anomalías renales se hagan evidentes.²
Si las pruebas genéticas en un varón con características típicas del síndrome oculocerebrorrenal no identifican una mutación que cause la enfermedad, o encuentran una variante o mutación de significado incierto, puede realizarse una prueba enzimática. Esta prueba mide la actividad de la enzima OCRL-1 en células de la piel cultivadas en el laboratorio. Los varones afectados tienen menos del 10% de la actividad enzimática normal, y esta prueba es anormal en más del 99% de los casos confirmados.²
En las mujeres diagnosticadas con síndrome oculocerebrorrenal, se recomienda una evaluación adicional para determinar por qué la enfermedad se expresa. Esto puede incluir:²
El diagnóstico prenatal está disponible mediante pruebas bioquímicas (ensayo enzimático) o pruebas genéticas moleculares si la variante del gen OCRL ha sido determinada en un varón afectado o en una madre portadora.² Los hallazgos en la ecografía prenatal que pueden sugerir síndrome oculocerebrorrenal incluyen cataratas bilaterales (el hallazgo más común), aunque también se ha informado catarata unilateral aislada.¹¹
El tratamiento del síndrome oculocerebrorrenal es principalmente de apoyo y requiere un enfoque coordinado y multidisciplinario, ya que la enfermedad afecta a varios órganos y puede influir de forma importante en la salud y la supervivencia a largo plazo. El objetivo del manejo es mejorar la función de los órganos, prevenir complicaciones y optimizar la calidad de vida, ya que actualmente no existe un tratamiento curativo en la práctica clínica habitual. 1, 2
El manejo de las alteraciones del sistema nervioso y musculoesquelético comienza desde etapas tempranas de la vida. La hipotonía (bajo tono muscular) se trata con fisioterapia precoz y programas de rehabilitación estructurados, con el fin de favorecer el desarrollo motor y reducir la discapacidad a largo plazo. La fisioterapia continua ayuda a mantener la movilidad de las articulaciones y a disminuir el riesgo de contracturas.
La enfermedad ósea, incluida la osteomalacia, se trata con vitamina D (calcitriol) y suplementos de fosfato para corregir los trastornos metabólicos subyacentes.
En niños con dificultades importantes para alimentarse debido a la hipotonía o a problemas de deglución, puede ser necesaria la nutrición enteral mediante sonda nasogástrica o gastrostomía para asegurar una nutrición y un crecimiento adecuados. 1, 2
Las complicaciones neurológicas, como las convulsiones, se tratan de forma individual con medicamentos anticonvulsivos adecuados. Los problemas conductuales, cognitivos y psiquiátricos son frecuentes y se manejan mejor mediante un enfoque interprofesional que combine atención médica con apoyo psicológico, educativo y terapéutico. Esto puede incluir educación especial, terapia ocupacional y terapia del habla y del lenguaje para mejorar la comunicación y el funcionamiento diario. Cuando es necesario, pueden utilizarse tratamientos farmacológicos, como antipsicóticos o antidepresivos, ajustados a cada persona.
En algunos casos seleccionados, se ha descrito que la hormona de crecimiento humana recombinante puede mejorar el crecimiento y el aumento de peso, y puede considerarse como complemento del tratamiento de apoyo estándar, siempre que esté indicada y supervisada por un médico con experiencia.
El manejo oftalmológico es una parte fundamental del tratamiento. Las cataratas congénitas requieren cirugía temprana, idealmente durante la infancia, para prevenir la ambliopía y favorecer el desarrollo visual. Debido al pequeño tamaño de los ojos, los lactantes afectados suelen quedar sin lente implantado y necesitan corrección refractiva afáquica. Esto implica restaurar la visión cuando falta el cristalino natural del ojo, generalmente después de la cirugía de cataratas, mediante lentes de contacto especiales o la implantación secundaria de una lente intraocular (LIO), ya que las gafas afáquicas son gruesas y poco prácticas.
Es necesario un seguimiento oftalmológico de por vida para vigilar el desarrollo visual, los cambios refractivos y complicaciones como el glaucoma, que con frecuencia no responde bien al tratamiento médico y suele requerir cirugía. Los procedimientos más comunes incluyen la trabeculectomía, la goniotomía o la implantación de dispositivos de drenaje para el humor acuoso. También pueden ser necesarios tratamientos adicionales para el estrabismo o las alteraciones corneales, como queloides, cicatrices o, en casos graves, el trasplante de córnea.¹
La afectación renal se maneja corrigiendo los trastornos metabólicos y retrasando la progresión de la enfermedad renal. La acidosis crónica se trata habitualmente con terapia alcalina, como bicarbonato de sodio. Es fundamental controlar de forma regular los niveles séricos de calcio y de hormona paratiroidea para evitar una suplementación excesiva de vitamina D, que puede empeorar la hipercalciuria y aumentar el riesgo de cálculos renales.¹² Con el deterioro progresivo de la función renal, algunas personas pueden evolucionar a enfermedad renal terminal, situación en la que se requiere diálisis; el trasplante renal se ha descrito en un número limitado de casos.¹
El manejo incluye revisiones dentales regulares una vez que erupcionan los dientes. El seguimiento continuo es importante para detectar cualquier problema de forma temprana. La atención preventiva se centra en reducir el riesgo de caries e incluye el uso diario de pasta dental con flúor, tratamientos profesionales con flúor en la consulta dental, buenos hábitos de higiene oral y recomendaciones sobre una dieta favorable para los dientes. Si se detectan ciertas afecciones, como quistes mandibulares, el tratamiento depende de su tamaño. Los quistes grandes pueden tratarse reduciendo su tamaño de forma gradual, mientras que los más pequeños pueden extirparse mediante cirugía menor. Si hay dientes que se mueven esto también debe vigilarse de cerca, ya que puede variar desde una leve movilidad de varios dientes hasta la permanencia de dientes primarios por más tiempo del esperado.¹²
Si bien las estrategias terapéuticas actuales se centran en el control de los síntomas y la atención de apoyo, los avances en la terapia génica están abriendo nuevas posibilidades para abordar la causa subyacente del síndrome oculocerebrorrenal. Los enfoques experimentales que utilizan tecnologías precisas de edición genética tienen como objetivo corregir las mutaciones causantes de la enfermedad en el gen OCRL, con el potencial de restaurar la función normal de la proteína y prevenir el daño celular posterior. Aunque aún se encuentran en investigación y no están disponibles para uso clínico, la terapia génica representa una dirección futura prometedora hacia un tratamiento modificador de la enfermedad o potencialmente curativo pero no se ha aprobado.¹³
El proyecto Lowe Syndrome and Me reunió a investigadores y cuidadores para crear videos que compartieran las perspectivas de pacientes, familias e investigadores. La iniciativa mejoró la comunicación, la comprensión de la investigación y la participación comunitaria, al tiempo que fortaleció la defensa de los pacientes, a pesar de desafíos como la distancia geográfica y la diversidad limitada de participantes.
El sitio en la red de Clinical Trials, desarrollado por los Institutos Nacionales de la Salud, proporciona vida información sobre las investigaciones clínicas. Usted puede ver las investigaciones sobre esta condición en el siguiente enlace: Clinicaltrials.gov. Use el término “oculocerebrorenal syndome” o “Lowe syndrome” para ver los estudios disponibles. Recomendamos que comparta esta información con los médicos para que analicen los estudios y determinen la indicación de la participación en algún estudio. (en inglés)
Para obtener información sobre los ensayos clínicos en Europa, póngase en contacto con: Clinicaltrialsregister.eu.
Usted puede aprender más sobre esta enfermedad en los siguientes sitios en la red:
Note que esta información puede ser bastante técnica por lo que recomendamos que la comparta con un profesional de la salud.
En español:
En inglés:
Vea también nuestra página en inglés de NORD: Oculocerebrorenal syndrome.
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