Última actualización:
6/19/2025
Años publicados: 2025
NORD agradece sinceramente a Kaylie Schachter, MDCM, McGill University School of Medicine, y a Reem Karmali, MD, MS, Profesora Asociada de Medicina, División de Hematología/Oncología, Robert H. Lurie Comprehensive Cancer Center, Northwestern University Feinberg School of Medicine, por su asistencia en la preparación de este informe en inglés. El informe en inglés fue modificado y traducido al español por Gioconda Alyea, médica genetista brasileira, NORD, el 18 de junio del 2025.
El linfoma de células del manto (LCM) es un tipo de cáncer, considerado un tipo de “linfoma no Hodgkin”, una forma de cáncer que afecta al sistema linfático.
El sistema linfático es parte del sistema inmunitario y protege al cuerpo contra infecciones y enfermedades. Está formado por una red de canales tubulares (vasos linfáticos) que drenan un fluido acuoso llamado linfa desde distintas áreas del cuerpo hacia el torrente sanguíneo. La linfa se acumula en los espacios intercelulares y contiene proteínas, grasas y ciertos glóbulos blancos denominados linfocitos.
A medida que la linfa circula, es filtrada por una red de pequeñas estructuras llamadas ganglios linfáticos, que ayudan a eliminar microorganismos (virus, bacterias, etc.) y otros cuerpos extraños. Hay grupos de ganglios linfáticos por todo el cuerpo, en el cuello, axilas, codos, tórax, abdomen e ingle. Los linfocitos se almacenan en los ganglios y en otros tejidos linfáticos, como el bazo. También forman parte del timo, un órgano pequeño detrás del esternón activo hasta la pubertad y de la médula ósea, el tejido esponjoso dentro de los huesos donde se fabrican las células sanguíneas. Otros linfocitos pueden hallarse en la piel, intestino delgado, hígado y otros órganos. Existen dos tipos principales de linfocitos, los B, que producen anticuerpos para neutralizar invasores, y los T, que destruyen directamente microorganismos o ayudan a otros linfocitos.
El linfoma de células del manto y otros linfomas surgen por errores en la producción o transformación de un linfocito en una célula maligna. El crecimiento descontrolado de estas células puede provocar el agrandamiento de ganglios, y afectar al bazo y médula ósea, y diseminarse a otros órganos, causando complicaciones graves. Los síntomas y hallazgos físicos varían según la extensión y localización de la enfermedad.
El LCM es un linfoma de células B que nace en la zona del manto de los ganglios linfáticos. La zona del manto, también llamada manto, es la región externa de un nódulo linfático que rodea el centro germinal y está compuesta principalmente por linfocitos B pequeños. En el linfoma de células del manto, este es el lugar de origen de las células cancerosas.
Las señales y los síntomas dependen de las áreas afectadas. Aunque la causa exacta se desconoce, se han identificado cambios genéticos en las células B que favorecen la proliferación de células cancerosas. En el LCM, se ha identificado una translocación t(11;14) que es un intercambio de material genético entre los cromosomas 11 y 14. Esta translocación resulta en la sobreproducción de la proteína ciclin D1 en las células tumorales (ver sección “Causas” más abajo). Estos cambios están presentes en más del 90% de los pacientes y son clave para el diagnóstico.
Al evaluar el LCM, se analizan características genéticas para determinar si será indolente o agresivo. Los linfomas indolentes crecen despacio y causan pocos síntomas; los agresivos, en cambio, crecen rápidamente y requieren tratamiento inmediato. Aunque el LCM se clasifica como agresivo, en algunos casos muestra rasgos de linfomas indolentes.
Los síntomas que se presentan dependen de la extensión de la enfermedad y de las regiones del cuerpo que son afectadas. Muchas personas con LCM tienen enfermedad diseminada al momento del diagnóstico, afectando ganglios linfáticos múltiples, bazo y, potencialmente, médula ósea, hígado y/o tracto digestivo (gastrointestinal). Entre los síntomas se incluyen ganglios linfáticos agrandados e indoloros, dolor de cabeza, debilidad, disminución del apetito e indigestión. Otros síntomas inespecíficos pueden ser fiebre, pérdida de peso, sudoración nocturna (“sofocos nocturnos”), fatiga, energía reducida, facilidad para moretones o sangrados.
El LCM afecta principalmente a varones de entre 60 y 70 años. Aproximadamente uno de cada 200 000 individuos por año recibe un diagnóstico de LCM.
Existen varias opciones de tratamiento. La primera opción de tratamiento suele incluir quimioterapia combinada con inmunoterapia y, en algunos casos, terapia dirigida, un conjunto de medicamentos diferentes que destruyen las células cancerosas, que busca destruir las células cancerosas de forma permanente o parcial (remisión). Si hay remisión se hace un curso prolongado de inmunoterapia para prolongar la remisión.
En las fases iniciales, muchas personas con linfoma de células del manto (LCM) pueden ser asintomáticos. Sin embargo, pueden buscar atención médica por el agrandamiento persistente e indoloro de ganglios, sobre todo en cuello y garganta (anillo de Waldeyer: amígdalas linguales, amígdalas palatinas y adenoides). También pueden ser afectados los ganglios en los codos, hombros, axilas, tórax, abdomen o pelvis, ya sea en una zona única o en varias.
Algunas personas desarrollan síntomas inespecíficos como falta de apetito (anorexia), náuseas, vómitos, indigestión, sensación de plenitud, distensión abdominal o dolor y molestias abdominales, por agrandamiento de ganglios o del bazo (esplenomegalia) o hígado (hepatomegalia), o por afectación del tracto gastrointestinal.
Hasta un tercio de las personas con LCM presentan los llamados “síntomas B” que incluyen:
Aunque los síntomas B son más frecuentes en la enfermedad de Hodgkin, también aparecen en algunos linfomas no Hodgkin como el LCM.
Según la extensión y localización de la infiltración de órganos puede haber diferentes señales y síntomas:
La progresión del LCM puede culminar en complicaciones graves.
La causa del linfoma de células del manto es desconocida. Como en muchos tipos de cáncer, influyen múltiples factores potenciales, como anomalías genéticas (cambios en el ADN de las células) y alteraciones inmunológicas (disfunción en la respuesta defensiva del organismo), factores ambientales (como exposición a rayos ultravioleta, determinados productos químicos o radiaciones ionizantes, carcinógenos, ciertas infecciones virales, etc.), dieta, estrés y otros. Actualmente se investiga si existe alguna asociación entre los antecedentes familiares (historia familiar), la inflamación crónica, las infecciones y el desarrollo del LCM.
En las personas con cáncer, incluido el LCM, las neoplasias pueden originarse por cambios anormales en ciertas células (por ejemplo, los linfocitos).
Aunque no se sabe con certeza qué ocasiona esos cambios, se cree que son debido a ciertos cambios (mutaciones) en el ADN, el material genético, que resultan en que una célula saludable prolifere sin control. Estas mutaciones ocurren, casi siempre, de forma espontánea (esporádica) en células somáticas, solamente en las células del tejido afectado, y no en óvulos o espermatozoides, por lo que no se heredan. Se cree que ocurren por exposición a factores ambientales, o, en casos muy raros, pueden heredarse si afectan las células germinales.
Mas de 90% de las personas con LCM presenta una alteración genética específica, en la que hay un intercambio de material entre los brazos largos de los cromosomas 11 (región q13) y 14 (región q32), una translocación cromosómica t(11;14)(q13;q32). Esta es una mutación somática, no hereditaria, en la que solamente los linfocitos B malignos adquieren la translocación t(11;14)(q13;q32), pero que no afecta las células reproductivas.
Los cromosomas, estructuras que en el núcleo celular portan nuestros genes, se numeran del 1 al 22, y cada par tiene un brazo corto (“p”) y uno largo (“q”), subdivididos en bandas numeradas. Por ejemplo, “11q13” señala la banda 13 del brazo largo del cromosoma 11.
Esta translocación altera el funcionamiento del gen CCND1 (ubicado en 11q13), que regula la producción de la proteína ciclin D1. Normalmente, el gen CCND1 ayuda a controlar el ciclo celular (el proceso por el cual las células crecen y se dividen). Pero, al desregularse, el gen CCND1 se comporta como oncogén (gen que favorece el cáncer), e induce a la célula a entrar en un estado maligno por una sobreexpresión de ciclin D1 (producción excesiva de esta proteína) lo que promueve la proliferación incontrolada de linfocitos B malignos.
No obstante, este cambio por sí solo no basta para desencadenar el LCM; suelen coexistir otras alteraciones en el gen supresor de tumor llamado gen TP53. Los genes supresores de tumores producen proteínas que ayudan a regular la división celular, asegurando que se detenga cuando sea necesario y que las células dañadas se eliminen. Si un gen supresor de tumores muta, puede perder su capacidad para controlar el crecimiento celular, y esto puede permitir que las células se dividan de manera incontrolada, formando un tumor.
Con frecuencia, las células cancerosas de LCM expresan también un gen llamado SOX11, que normalmente está ausente en los linfocitos B maduros. El gen SOX11 impide que estas células se diferencien (adquieran su función especializada), y que permanezcan en un estado más primitivo y proliferen (anaplasia). Las células malignas transmiten estas mutaciones a todas sus “hijas” y se multiplican a gran velocidad, eludiendo la vigilancia del sistema inmune. Con el tiempo, su multiplicación excesiva forma masas (tumores o neoplasias).
En el LCM, esta transformación maligna y el crecimiento celular descontrolado resultan en infiltración difusa de linfocitos malignos por todo el ganglio. La enfermedad progresa y afecta otros ganglios y otros tejidos y órganos, como médula ósea, bazo o hígado, con un curso que varía según la combinación de mutaciones, el número de tumores y otros factores individuales.
El linfoma de células del manto (LCM) representa el 5-7 % de todos los linfomas no Hodgkin, con una incidencia anual aproximada de 1 por cada 200 000 personas. Afecta sobre todo a adultos mayores (60-70 años), con predominio masculino (≈ 75 %). La mayoría de los diagnósticos se realiza en estadios avanzados (III o IV).
El diagnóstico del linfoma de células del manto (LCM) se basa en el historial médico, el examen físico detallado y pruebas especializadas, siendo esencial la biopsia de ganglio linfático o la biopsia de médula ósea para confirmar el subtipo de linfoma y orientar el tratamiento. La biopsia es un procedimiento en que se extirpa un tejido del cuerpo y se examina en el microscopio.
En casos esporádicos en que hay afección abdominal se puede hacer una laparoscopia o laparotomía. La laparoscopia es una técnica mínimamente invasiva que utiliza pequeñas incisiones y un laparoscopio (un tubo con una cámara) para visualizar y operar dentro del abdomen. La laparotomía, por otro lado, implica una incisión más grande en el abdomen para permitir el acceso directo a los órganos. El tejido del órgano afectado se examina en un microscopio para detectar expansión de la zona del manto y los patrones de infiltración.
Los estudios inmunohistoquímicos identifican marcadores de superficie como CD5, CD19, CD20 y CD22, y confirman la presencia de ciclin D1 o SOX11 y la translocación t(11;14). Los marcadores son proteínas que se encuentran en la superficie de las células. CD significa “cúmulo 4 Linfoma de células del manto de diferenciación” (CD). El análisis inmunohistoquímico (IHC, por sus siglas en inglés) es una prueba que sirve para identificar estas proteínas. Se realiza aplicando un marcador químico a las células y luego examinándolas al microscopio. Se puede utilizar otra prueba, denominada “citometría de flujo”, para evaluar las proteínas que están en la superficie de las células del linfoma.
Además de la biopsia, las personas afectadas deben hacerse los siguientes exámenes:
Las pruebas genéticas que caracterizan mutaciones adicionales (por ejemplo, del gen TP53) orienta la elección de terapias dirigidas.
Clasificación
Como se explicó antes, los linfomas no Hodgkin (LNH) pueden agruparse de forma general en linfomas de células B y linfomas de células T, según el tipo de célula de la que se originan. Además, los LNH pueden categorizarse según los siguientes factores:
A partir de estas características, se han propuesto varios sistemas de clasificación que ayudan a describir y definir los diferentes tipos de LNH, facilitando el diagnóstico y la planificación del tratamiento.
El sistema de la Organización Mundial de la Salud (OMS) divide los LNH según el tipo de célula de origen y el aspecto microscópico de las células malignas. Además, aporta información sobre las características genéticas de la enfermedad y los órganos más frecuentemente implicados. Con él, se han identificado más de 50 subtipos de linfoma no-Hodgkin.
En la clasificación de la OMS, el LCM forma parte del grupo de neoplasias de células B maduras. Al observar una biopsia (muestra de tejido), estas células suelen verse pequeñas o medianas, con núcleos irregulares.
Dentro del LCM se distinguen dos subtipos, cada uno con rasgos clínicos, hallazgos histológicos (al microscopio) y vías moleculares distintas:
Por estas diferencias, hay debate sobre si el LCM debe considerarse indolente o agresivo. El Instituto Nacional del Cáncer lo clasifica como un linfoma agresivo, aunque algunos casos muestran características de enfermedades de crecimiento más lento.
Estadificación
Al confirmar un diagnóstico de LNH como el LCM, es fundamental determinar la extensión o “estadio” de la enfermedad. Esto orienta sobre su posible evolución y las terapias más adecuadas. Para ello se emplean pruebas como análisis de sangre, tomografía computarizada (TC), tomografía por emisión de positrones (PET) y biopsia de médula ósea. A veces se requieren muestras adicionales de otros tejidos.
Los criterios para definir el estadio incluyen:
Aunque existen varios sistemas, el más usado en adultos es el sistema de Ann Arbor (o su variante de Lugano), con estas etapas:
Cada estadio se subdivide además según la presencia de ciertos signos:
Para completar la estadificación, el médico también valora factores como la edad, el estado general, el tamaño tumoral, los niveles sanguíneos de lactato deshidrogenasa (LDH) y el número de sitios extraganglionares implicados.
En muchos casos de LCM, debido a que no hay síntomas en fases iniciales cuando se hace el diagnóstico la enfermedad ya está en estadios avanzados (III o IV), con afectación frecuente de bazo, médula ósea e incluso órganos del tracto gastrointestinal o hígado.
El manejo del linfoma de células de manto (LCM) requiere un equipo multidisciplinario (oncólogos médicos, hematólogos, radioterapeutas, enfermería oncológica, dietistas).
La estrategia terapéutica se individualiza según el estadio de la enfermedad, el subtipo histológico, la sintomatología, la edad del paciente y su estado general:
En personas mayores o con enfermedades asociadas se pueden hacer regímenes menos intensivos, bien tolerados:
El tratamiento de la recaída incluye opciones según líneas previas y tiempo de respuesta:
Los tratamientos pueden causar efectos secundarios por lo que el equipo médico debe orientar al paciente sobre medidas para prevenirlos y aliviarlos. También se brindan cuidados paliativos y de apoyo según necesidad.
En la actualidad hay múltiples ensayos para mejorar la tasa de curación y remisión del LCM, investigando combinaciones de quimioterápicos, inmunoterapias, agentes dirigidos, terapias celulares e inmunomoduladores, tanto en enfermedad recién diagnosticada como en recaída o refractaria. Estos estudios son esenciales para evaluar seguridad y eficacia a largo plazo.
El sitio en la red de Clinical Trials, desarrollado por los Institutos Nacionales de la Salud, proporciona vida información sobre las investigaciones clínicas. Usted puede ver las investigaciones sobre esta condición en el siguiente enlace: Clinicaltrials.gov. Use el término “Mantle cell lymphoma” o sobre el término padre “non-Hodgkin lymphoma” para ver los estudios disponibles. Recomendamos que comparta esta información con los médicos para que analicen los estudios y determinen la indicación de la participación en algún estudio. (en inglés)
Para obtener información sobre los ensayos clínicos en Europa, póngase en contacto con: Clinicaltrialsregister.eu.
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