Última actualización:
10/31/2025
Años publicados: 2025
NORD agradece sinceramente a Thomas M. Habermann, MD, División de Hematología, Departamento de Medicina, Mayo Clinic, y a Gioconda Alyea, F MD, IMG, MS, NORD, por su asistencia en la preparación de este informe.
La enfermedad linfoproliferativa post-trasplante (TLPT) es una complicación poco común pero reconocida que puede ocurrir después de trasplantes de órganos sólidos (como riñón, hígado, corazón o pulmón) o trasplantes de células madre hematopoyéticas (también conocidos como trasplantes de médula ósea). 1,2
El TLPT es frecuentemente relacionada con la infección por el virus de Epstein-Barr (EBV), un virus común en la población general. El EBV usualmente no causa síntomas en personas con sistemas inmunológicos sanos, pero en personas que reciben un trasplante (receptores de trasplantes), puede desencadenar un crecimiento descontrolado de ciertos glóbulos blancos llamados linfocitos B (células B), que son un tipo de linfocito o célula inmunitaria. ¹ Este crecimiento anormal puede conducir a TLPT.
La enfermedad puede ser desencadenada por una infección primaria (una nueva infección por EBV después del trasplante), reactivación del EBV latente en el receptor, o infección proveniente del órgano donante o del entorno. Sin embargo, en aproximadamente el 20–40% de los casos de TLPT, la condición ocurre sin ninguna asociación detectable con EBV (conocida como TLPT negativa para EBV). 2-4
Cuando las personas reciben un trasplante deben ser tratadas con medicamentos inmunosupresores, fármacos que debilitan intencionalmente el sistema inmunológico para prevenir el rechazo del órgano que se recibe. Esta inmunosupresión comienza en el momento del trasplante (terapia de inducción) y continúa de por vida (terapia de mantenimiento). ² Esta supresión del sistema inmunológico aumenta el riesgo de infecciones y facilita el crecimiento descontrolado de células anormales, lo que potencialmente puede conducir a TLPT. ¹
Los linfocitos, particularmente las células B, pueden multiplicarse en exceso, resultando en un crecimiento de tejido benigno (no canceroso), llamado hiperplasia, o en linfoma maligno (canceroso). ¹
El TLPT se clasifica como un tipo de linfoma, que se refiere a los cánceres del sistema linfático. 5 El sistema linfático es una parte importante del sistema inmunológico que incluye:
En la mayoría de los casos de TLPT hay una sobreproducción de células B, pero también puede ocurrir una forma rara llamada TLPT de células T, donde las células T anormales crecen sin control.
La detección temprana y el tratamiento oportuno del TLPT son críticos para mejorar los resultados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado varias clasificaciones para el TLPT a lo largo de los años. Según la 4ª edición revisada de la Clasificación de Tumores de los Tejidos Hematopoyéticos y Linfoides de la OMS, el TLPT se clasifica en cuatro tipos principales: ³
La 5ª edición de la OMS reclasificó el TLPT bajo el grupo más amplio de “Trastornos Linfoproliferativos Asociados a Inmunodeficiencia y Disregulación (IDD-LPDs)”. En contraste, la Clasificación Internacional por Consenso (ICC) continúa reconociendo al TLPT como una entidad distinta, reflejando su presentación clínica y necesidades de manejo únicas. 6
Los síntomas específicos y la gravedad de la enfermedad linfoproliferativa post-trasplante pueden variar ampliamente entre las personas afectadas. En algunas personas se desarrolla un crecimiento leve y no canceroso del tejido, mientras que en otras pueden desarrollarse una forma más agresiva y potencialmente mortal de linfoma.¹
La forma más leve, conocida como TLPT benigno, puede parecerse a un proceso llamado hiperplasia reactiva, donde los ganglios linfáticos se agrandan temporalmente en respuesta a una infección o inflamación.
El TLPT puede ser localizado, afectando una sola parte del cuerpo, o diseminado, lo que significa que se propaga a múltiples áreas. En algunos casos, la enfermedad puede causar complicaciones graves y potencialmente mortales. ¹ También puede afectar directamente al órgano trasplantado y a menudo involucra tejido extranodal, es decir, tejidos u órganos fuera de los ganglios linfáticos. ⁷
Según el momento en que se desarrolla TLPT, también puede clasificarse como: ⁸
Los síntomas del TLPT pueden ser vagos y no específicos, lo que significa que también se observan en muchas otras enfermedades. Estos síntomas a menudo fluctúan y se conocen como “síntomas B”, que pueden incluir: ¹
Los análisis de laboratorio pueden mostrar anemia inexplicada (un conteo bajo de glóbulos rojos sin una causa conocida).
Otros síntomas son específicos del sitio, lo que significa que dependen de qué órganos o tejidos estén afectados. ¹ Los sitios comúnmente afectados incluyen el tracto gastrointestinal (GI), el órgano trasplantado y el sistema nervioso central (SNC). ⁹
En algunas personas, el TLPT se descubre de manera incidental durante evaluaciones por otras condiciones, mientras que en otras provoca una enfermedad rápidamente progresiva y grave (conocida como enfermedad fulminante).
Algunas personas pueden mostrar signos de laboratorio de afectación de la médula ósea, incluyendo conteos bajos de células sanguíneas (citopenias), o anormalidades en la química sanguínea como niveles elevados de deshidrogenasa láctica (LDH), calcio alto (hipercalcemia), potasio alto (hiperpotasemia), ácido úrico alto (hiperuricemia), o problemas renales súbitos. Estos hallazgos pueden generar preocupación por una complicación llamada “síndrome de lisis tumoral espontáneo”, una condición donde las células cancerosas se descomponen rápidamente y liberan su contenido en el torrente sanguíneo. ⁹ Sin embargo, es importante recordar que tales resultados de laboratorio también pueden sugerir otras posibilidades, como rechazo del injerto o infecciones graves como sepsis o reactivación viral. ⁴
La enfermedad linfoproliferativa post-trasplante (TLPT) usualmente está relacionada con la infección por el virus de Epstein-Barr (EBV), un virus común que típicamente causa poco o ningún daño después de la infección inicial. El EBV infecta las células B, un tipo de glóbulo blanco que participa en la respuesta inmunitaria. Después de una infección activa, el virus típicamente entra en una fase latente, durante la cual permanece inactivo dentro de las células B. ¹
La mayoría de las personas se infectan con EBV por primera vez durante la infancia, a menudo sin síntomas notables o tienen sólo síntomas leves. Sin embargo, si la infección inicial ocurre durante la adolescencia o la adultez, puede causar síntomas como fiebre, dolor de garganta y ganglios linfáticos inflamados. El EBV es la causa principal de la mononucleosis infecciosa (“mono”). Entre el 90% y el 95% de las personas adultas ya han sido infectadas con EBV en algún momento de sus vidas. ¹
Las personas que nunca han tenido EBV (conocidas como receptores EBV-negativos) tienen un mayor riesgo de desarrollar TLPT después de un trasplante. ¹⁰ Dado que los niños tienen más probabilidades que los adultos de ser seronegativos para EBV antes del trasplante, los niños que reciben un trasplante están en mayor riesgo de desarrollar TLPT.
Además del estado serológico de EBV, otros factores de riesgo importantes incluyen la intensidad y duración de la inmunosupresión, así como el uso de medicamentos que suprimen la función de las células T, ya que las células T juegan un papel clave en el control de las infecciones virales y el crecimiento celular anormal. Cuando una persona recibe un trasplante de órgano sólido o de células madre hematopoyéticas, debe tomar medicamentos inmunosupresores para evitar que el cuerpo rechace el nuevo órgano o células. Estos medicamentos debilitan el sistema inmunológico, lo que puede permitir que las células B infectadas por EBV que estaban latentes se reactiven y comiencen a multiplicarse sin control. 4, 5, 7-10 Esto se debe principalmente a la reducción del número de células T, especialmente las células T citotóxicas, que normalmente identifican y destruyen células infectadas o anormales. Cuando estas células T se reducen debido a la terapia inmunosupresora, las células B infectadas por EBV pueden crecer y propagarse sin restricciones. ¹
El riesgo de desarrollar enfermedad linfoproliferativa post-trasplante (TLPT) también depende del tipo de órgano trasplantado y se mide mejor mediante la “densidad de incidencia”, que se refiere al número de casos nuevos por cada 1,000 años-persona, ajustando según cuánto tiempo permanece un paciente bajo inmunosupresión. Según esta medida, el riesgo es de aproximadamente 1.58 casos por 1,000 años-persona para receptores de trasplante renal, 2.24 para trasplante cardíaco, 2.44 para trasplante hepático, y hasta 5.72 para receptores de trasplante pulmonar. ⁴⁻⁶
En los casos de TLPT que no están asociados con EBV, conocidos como TLPT EBV-negativo o EBV(–), la causa sigue siendo incierta. Se han propuesto varias teorías para explicar estos casos. Una es la hipótesis del “golpe y fuga” (hit-and-run), que sugiere que el EBV puede haber desencadenado la enfermedad, pero fue eliminado posteriormente del cuerpo. Otras explicaciones posibles incluyen la participación de otros virus como el citomegalovirus (CMV) o el herpesvirus humano 8 (HHV-8), estimulación prolongada del sistema inmunológico por antígenos, y terapia inmunosupresora prolongada. ⁴
La enfermedad linfoproliferativa post-trasplante (TLPT) es una complicación poco común, pero también es el cáncer más frecuente que se desarrolla después de un trasplante de órgano sólido, excluyendo los cánceres de piel no melanoma, que son aún más comunes. ⁵
A medida que el número de trasplantes de órganos en niños continúa aumentando en los Estados Unidos, también está aumentando el número de casos de TLPT.
El riesgo de desarrollar TLPT después de un trasplante de órgano sólido varía entre el 2% y el 15%, dependiendo de factores como el tipo de órgano trasplantado, el grado y la duración de la inmunosupresión, y si el receptor fue previamente expuesto al virus de Epstein-Barr (EBV). ¹¹, ¹²
Los trasplantes de pulmón y corazón están asociados con el mayor riesgo de TLPT, mientras que los el trasplante renal generalmente tiene un riesgo más bajo.
En pacientes con trasplante renal:
El primer año después del trasplante conlleva el mayor riesgo de desarrollar TLPT en general, probablemente debido al nivel intenso de inmunosupresión utilizado para prevenir el rechazo del órgano durante este período. ⁴
Según datos de la base de datos SEER (Surveillance, Epidemiology, and End Results), aproximadamente 332 casos de TLPT polimórfica fueron identificados en los Estados Unidos entre 2000 y 2018. ¹¹
Las señales y los síntomas de la enfermedad linfoproliferativa post-trasplante (TLPT) pueden variar ampliamente y a menudo son no específicos. Esto significa que pueden parecerse a otras afecciones médicas, lo que hace que el diagnóstico temprano sea un desafío. ³
Durante un examen físico de rutina, los médicos deben buscar masas visibles o palpables (bultos) en los ganglios linfáticos, particularmente en el cuello, las axilas (axila), la ingle o el abdomen.
El TLPT con frecuencia afecta órganos fuera de los ganglios linfáticos (afectación extranodal), y esto ocurre en más del 50% de los casos al momento del diagnóstico. Los sitios extranodales más afectados son el tracto gastrointestinal (alrededor del 29% de los casos) y el sistema nervioso central (entre el 2% y el 15%). Otros sitios afectados pueden incluir la piel, las glándulas salivales e incluso el órgano trasplantado. ⁴
En estos casos, los síntomas están relacionados con el lugar donde se encuentra la masa linfoide. Por ejemplo, si se afecta el tracto gastrointestinal (GI), puede haber diarrea o vómitos. De manera similar, si el TLPT afecta al sistema nervioso central (SNC), puede provocar síntomas neurológicos, que varían según la ubicación y el tamaño del tumor. ³
Aunque el diagnóstico incluye el examen clínico y varias pruebas de imágenes, el estándar de oro para confirmarlo es mediante una biopsia. Según las guías médicas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Red Nacional Integral de Cáncer (NCCN), diagnosticar la enfermedad linfoproliferativa post-trasplante (TLPT) requiere dos hallazgos clave:
Una vez que se confirma TLPT, los médicos realizan la estadificación, un proceso usado para determinar cuán lejos se ha propagado la enfermedad en el cuerpo. Esto usualmente se hace usando estudios de imagen, ya sea una tomografía por emisión de positrones combinada con tomografía computarizada (PET/CT), que muestra áreas de alta actividad en el cuerpo, o una tomografía computarizada (CT) con contraste del cuello, tórax, abdomen y pelvis. Estas imágenes ayudan a los médicos a localizar tumores y monitorear cómo responde la enfermedad al tratamiento. Algunos estudios sugieren que la PET/CT es más precisa que una CT convencional. ⁴
Una tomografía computarizada (CT) utiliza rayos X para crear imágenes transversales detalladas de los órganos, huesos y tejidos del cuerpo, mientras que una PET usa un marcador radiactivo para mostrar cómo están funcionando las células, resaltando la actividad metabólica. Un estudio PET/CT combina ambas para ofrecer una única imagen 3D integral, que a menudo es más efectiva para detectar problemas como el cáncer al superponer procesos metabólicos con las ubicaciones anatómicas exactas mostradas por la CT. ⁴
Si los análisis de sangre muestran citopenias (lo que significa un número bajo de glóbulos rojos, blancos o plaquetas) puede ser necesaria una biopsia de médula ósea. Esta prueba toma una muestra del tejido blando dentro de los huesos para verificar la presencia de cáncer. El TLPT que afecta únicamente la médula ósea es raro, pero se ha documentado. ⁴
Si los médicos sospechan afectación del sistema nervioso centrar, ordenarán una resonancia magnética (MRI) del cerebro, un tipo de escaneo que proporciona imágenes detalladas. También pueden realizar una punción lumbar (punción espinal) para recolectar líquido cefalorraquídeo (LCR), el fluido que rodea el cerebro y la médula espinal, para buscar células cancerosas. Si el LCR no muestra células malignas, pero se observa una masa en la MRI, puede requerirse una biopsia cerebral para confirmar el diagnóstico. ⁴
Los médicos también realizan una serie de pruebas de laboratorio para ayudar a planificar el mejor tratamiento. Estas incluyen:
Después de iniciar el tratamiento, los médicos suelen monitorear los niveles de ADN del EBV en la sangre con el tiempo. Si los niveles disminuyen, sugiere que el tratamiento está funcionando. Si los niveles aumentan nuevamente, podría significar que la enfermedad está regresando (recaída). ⁴
Hay cuatro tipos de TLPT que pueden identificarse: ³
El tratamiento del TLPT es diferente al de afecciones similares en personas con sistemas inmunitarios normales. Esto se debe a que las personas que han recibido un trasplante toman medicamentos inmunosupresores para evitar que su cuerpo rechace el nuevo órgano, lo cual también debilita su capacidad para combatir infecciones y células anormales.
El tratamiento se personaliza cuidadosamente. Las decisiones dependen del tipo y la gravedad del TLPT, de si las células anormales tienen un marcador llamado CD20, del órgano trasplantado y del estado general de salud de la persona.
Los objetivos principales del tratamiento son eliminar al TLPT y preservar la función del órgano trasplantado (el injerto); por lo tanto, tratar el TLPT podría poner en riesgo el órgano trasplantado, y viceversa. Los médicos intentan equilibrar ambos objetivos, pero en ocasiones uno puede tener que priorizarse sobre el otro. 2, 3
El primer paso en el tratamiento suele ser reducir los medicamentos que suprimen el sistema inmunológico. Esto permite que la respuesta inmune natural del cuerpo se recupere y combata el crecimiento anormal de células. Esto generalmente implica: 2-4, 7
Este enfoque puede llevar a una remisión parcial o completa, especialmente en formas tempranas o leves de TLPT. Sin embargo, no siempre es posible. En personas con trasplantes vitales (como corazón o pulmón), reducir la inmunosupresión podría representar un riesgo demasiado alto de rechazo del órgano.
El éxito de este enfoque depende de cuán avanzada esté el TLPT. Los casos en etapas tempranas responden mejor que los casos más extendidos o de inicio tardío. Los pacientes deben ser monitoreados de cerca durante este tiempo, ya que reducir la protección inmune puede llevar a complicaciones.
Si las células del TLPT tienen una proteína superficial llamada CD20, los médicos pueden usar un medicamento llamado rituximab. Rituximab es un anticuerpo monoclonal, lo que significa que ataca específicamente a las células CD20-positivas, ayudando al sistema inmunológico a eliminarlas. Rituximab puede usarse solo o en combinación con quimioterapia, dependiendo de la gravedad de la enfermedad y de la tolerancia del paciente al tratamiento. En muchos casos, se añade rituximab después de reducir la inmunosupresión. 2, 11-13
Los posibles efectos secundarios del rituximab incluyen reacciones durante la infusión (como fiebre o escalofríos), recuentos bajos de glóbulos blancos (neutropenia), lo que puede aumentar el riesgo de infección, y reactivación de hepatitis B en personas que la hayan tenido en el pasado. En estudios clínicos, el rituximab por sí solo logra una remisión completa en aproximadamente el 20–44% de los pacientes. Los resultados son mejores cuando se sigue con quimioterapia. 2, 13
Si el TLPT no mejora con la reducción de la inmunosupresión y el rituximab, se utiliza quimioterapia. ¹³
Para los casos CD20-positivos, la quimioterapia se combina usualmente con rituximab. Una combinación común se llama R-CHOP, que incluye:
Si el TLPT es CD20-negativa, no se usa rituximab, y se administra quimioterapia sola.
La quimioinmunoterapia ofrece una mayor probabilidad de remisión, pero tiene más efectos secundarios, como mayor riesgo de infecciones y supresión de la médula ósea (lo que reduce la producción de células sanguíneas).
Los médicos eligen los regímenes de quimioterapia en función del estado general del paciente, su capacidad para tolerar efectos secundarios y cuán extendida esté la enfermedad.
Otras opciones de tratamiento pueden incluir: ¹³
Gracias a avances en tratamientos como el rituximab y mejores opciones de quimioterapia, el pronóstico para los pacientes con TLPT ha mejorado. El tratamiento generalmente requiere de múltiples especialistas que deben trabajar juntos como un equipo. Los especialistas pueden incluir médicos de trasplante, oncólogos, hematólogos, cirujanos y personal de apoyo que ofrezca atención personalizada, además de otros según sea necesario.
En algunos casos, un nuevo trasplante puede ser posible después del tratamiento exitoso del TLPT. Sin embargo, esto usualmente se retrasa al menos un año para reducir el riesgo de recurrencia de la enfermedad (recaída). 2, 13
El sitio en la red de Clinical Trials, desarrollado por los Institutos Nacionales de la Salud, proporciona vida información sobre las investigaciones clínicas. Usted puede ver las investigaciones sobre esta condición en el siguiente enlace: Clinicaltrials.gov. Use el término “Post-Transplant Lymphoproliferative Disease” para ver los estudios disponibles. Recomendamos que comparta esta información con los médicos para que analicen los estudios y determinen la indicación de la participación en algún estudio. (en inglés)
Para obtener información sobre los ensayos clínicos en Europa, póngase en contacto con: Clinicaltrialsregister.eu.
Usted puede aprender más sobre esta enfermedad en los siguientes sitios en la red:
Note que esta información puede ser bastante técnica por lo que recomendamos que la comparta con un profesional de la salud.
En español:
En inglés:
Vea también nuestra página en inglés de NORD: Post-Transplant Lymphoproliferative Disease
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